Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —SÃ.
—¿Dónde está?
—¡Entre la maleza que cubre la senda!
—¡Volvamos al fondo del barranco! —murmuró Vindhit—. ¡Ya hallaremos otro camino!
—¡Es demasiado tarde! —dijo Pram-Li—. ¡Ya está aquÃ!
El reptil se habÃa echado fuera de la maleza que lo cubrÃa y se alzaba amenazador ante los tres hombres. El malayo no se equivocó al clasificarla: era una serpiente grandÃsima, de piel azul oscura con manchas amarillodoradas, y de unos dos metros de largo; de las llamadas por los filipinos ular-burong.
Viendo delante al joven salvaje, se precipitó sobre él para clavarle en la pierna sus dientes venenosos; pero Hong lo habÃa previsto: apartó de un vigoroso empujón al isleño, a quien el miedo tenÃa paralizado, y presentó el brazo armado del fuerte kampilang. El reptil se lanzó sobre la nueva presa; pero el sable bajó bruscamente, y la bien templada hoja, empuñada con vigor por el robusto brazo del chino, hirió a la serpiente cortando en dos su cuerpo cilÃndrico.
—¡Muere! —exclamó Hong con repugnancia, rompiendo la cabeza del reptil, que retorcÃa sus dos pedazos en las convulsiones de la agonÃa—. ¡Prefiero habérmelas con un tigre de Bengala a luchar con tan asqueroso animal!