Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Saltó sobre la serpiente partida, seguido por el malayo y por el salvaje, ya repuesto de su terror.
—¿Por dónde vamos, Vindhit? —dijo Pram-Li.
—¡Subamos! —indicó, señalando a la cumbre, que formaba dos jorobas muy pronunciadas.
La selva hacÃase más y más espesa a cada paso. A los árboles colosales sucedÃan matorrales que dificultaban seriamente la marcha, obligándolos a arrastrarse como reptiles para no hacer ruido al abrirse camino con los sables. El campamento de los cazadores de cabezas debÃa de estar muy cercano. Por intervalos oÃanse voces humanas.
—Desviémonos un poco —dijo el isleño—. Puede haber centinelas en estos contornos.
—¡Alto! —exclamó Hong—. ¡Alguien se dirige hacia nosotros!