Flor de las Perlas

Flor de las Perlas

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—¡Tendremos un excelente almuerzo! —le dijo al oído.

En cuanto estuvo en tierra advirtió el animal el peligro al ver a Hong y sus compañeros dormidos. Titubeó un momento como reflexionando si le convendría más trepar de nuevo o huir a través de la selva. El malayo aprovechó aquel instante para precipitarse sobre él sable en mano. El oso se puso en dos pies enseñando las uñas. Con agilidad que apenas se concibe en cuerpo tan tosco y pesado, evitó el tajo y se echó sobre Pram-Li, abrazándole.

—¡Sheu-Kin! —exclamó el malayo, que no esperaba aquella resistencia.

El chino se lanzó en socorro de su compañero y partió el cráneo al animal. El golpe fue tan violento, que soltó un chorro de sangre, manchando a Sheu-Kin. El malayo sintió aflojarse los velludos brazos, y se deslizó por debajo, diciendo a su camarada:

—¡Gracias, amigo!

El birmang, herido de muerte, se mantuvo derecho por algunos instantes tratando de herir a sus dos adversarios, y cayó, lanzando un grito que despertó a los durmientes.

—¿Qué hay? —preguntó Hong levantándose fusil en mano.

—¡Qué nos hemos ganado el almuerzo! —contestó el joven chino.


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