Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Than-Kiu y sus compañeros fueron invitados a sentarse, y el marinero, que hacía los honores de la casa, puso los manjares en la mesa sobre una gran hoja de palma, añadiendo pan de sagú, plátanos, cocos y naranjas y un tarro de barro a modo de vaso con un licor dulce y picante obtenido por fermentación del sagú. Terminada la comida, en la cual dio la joven muestras de buen humor y libertad de espíritu, volvióse Hong hacia el español agradeciéndole su hospitalidad, y le pidió noticias del suceso de La Concha.
—Tenemos algunas noticias; pero no conocemos los pormenores del naufragio, porque Pandaras no tenía interés en contarlo: antes, al contrario, lo callaba.
—¡Pandaras! ¿Habéis conocido a ese pirata?
—Hemos sido sus prisioneros.
—¿Y lograsteis escapar de sus manos?
—Hemos hecho más; le hemos matado.
—¡Gracias por habernos vengado! Asesinó a casi todos los que íbamos en la cañonera.
—¡Cuéntalo todo; estamos impacientes por oírte!
El marino, en vez de responder, se quedó mirando fijamente a la joven; se pasó la mano por la frente, arqueó las cejas como quien hace un esfuerzo por recordar algo y lanzó una exclamación de asombro.