Flor de las Perlas
Flor de las Perlas »Fuimos curados y embarcados en dos chalupas para ser llevados a Butuán. Durante la larga travesía murieron cuatro de nuestros compañeros. Los demás nos habíamos resignado ya con la esclavitud, no viendo la posibilidad de poder eludir la vigilancia de nuestros guardianes, cuando una noche los piratas fueron atacados a su vez por una partida de igorrotes. Sorprendidos durante el sueño, fueron fácilmente vencidos y degollados, salvándonos nosotros del degüello merced a nuestra piel blanca.
»Al saber que éramos pobres prisioneros nos ofrecieron hospitalidad, diciendo que nos dejaban en libertad de marcharnos si queríamos. Por desgracia, doña Teresa estaba tan débil, que no era posible emprender tan largo viaje. Tenía la fiebre de los bosques desde que entró en el Bacat, y fuimos conducidos hasta aquí y hospedados por este jefe, una especie de rajah que manda varias tribus. Yo tengo siempre la esperanza de ver llegar algún destacamento de soldados enviados en socorro nuestro, y veo que hice bien en no alejarme mucho del Bacat.
—Hubiéramos ido a buscaros donde estuvieseis. Supimos que estabais aquí.
—¿Por quién?
—Por un jefe de igorrotes amigo de Bunga. Dime: ¿podría doña Teresa emprender el viaje?
—Aunque no está buena del todo, creo que sí.
—¿Hasta la costa?