Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Habla! ¡Tus menores deseos son órdenes para mÃ!
—Que me lleves a nuestro paÃs natal. El aire de Filipinas no me sienta bien, y tengo viva ansiedad por respirar el del paÃs de los lirios.
—Al irnos de aquà no volveremos a Manila; te lo prometo. Te llevaré directamente a las riberas del rÃo Amarillo.
—¡Gracias, amigo! ¡Con qué placer volveré a ver mi casita, que se refleja ufana en las doradas aguas del gran rÃo, y las altas copas que proyectan su sombra bienhechora sobre los lirios de mi jardinito, junto al cual reposan los restos de mi heroico hermano! ¡Ah! ¡Cuánto mejor habrÃa sido que no hubiese abandonado la casa de mis padres y no hubiera visto nunca Manila! ¡Mi corazón no se habrÃa despedazado por tantos dolores, y Hang-Tu aún estarÃa vivo! ¿Qué nos importaba a nosotros la independencia de estas islas? ¿No nos bastaba el Celeste Imperio? ¡Pero Hang-Tu, espÃritu aventurero y batallador, no resistió al llamamiento de las sociedades secretas, y asà acabó su vida en plena juventud, expirando bañado en su sangre generosa sobre el muelle de Binondo!