Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡El de poseer el corazón del más noble e intrépido de los chinos! ¡El tuyo, Hong!
—¡SÃ; lo posees por completo! ¡Tuyo soy, tuya es mi vida! ¡Juro hacerte feliz y que no recuerdes ya nunca tu primer amor!
En aquel instante el marino tuvo un movimiento de asombro.
—¡Por la Virgen del Pilar! ¿Qué pasa en la aldea de Bunga?
También los dos igorrotes que le acompañaban se detuvieron lanzando sendos gritos guturales que parecÃan de estupor y alarma.
—¿Qué pasa? —dijo Hong en español al marinero.
—¿No ven esa numerosa flotilla que avanza por el lago? ¡Ahora dobla aquella punta que la ocultaba a nuestra vista!
Volvieron los ojos hacia una estrecha penÃnsula que se prolongaba en el lago, y vieron unas treinta canoas tripuladas por gran número de hombres armados con fusiles. Iba delante una chalupa gigantesca con pabellón en el centro y cuarenta remeros casi desnudos que bogaban vigorosa y acompasadamente.
—¿Quiénes son? —preguntó Than-Kiu con un ligero estremecimiento.
—¡Temo adivinar! —repuso el marinero.
—¿Qué quieres decir?