Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Bunga escuchó en silencio. Cuando el joven terminó, le cogió por una mano y entró con él en una de las cabañas, de la cual salieron al cabo de pocos minutos. Al aparecer de nuevo, el jefe parecÃa muy preocupado e inquieto. Aproximóse a Than-Kiu, y poniéndole una mano en el hombro le dijo:
—¡Mucho me temo que hayáis llegado tarde!
—¿Acaso no están ya aquà los blancos? —preguntó la joven con temblorosa voz.
—No; continúan aún en mà poder, y los he hecho marchar a la selva. Pero ¿cuánto tiempo serán mÃos? ¿No ves avanzar esa flotilla?
—SÃ.
—Ahà viene el sultán de Butuán.
—¿Y qué quiere ese hombre?
—Arrebatarme los hombres blancos.
—¿Con qué derecho?
—Con el derecho del más fuerte. Ha sabido que los tenÃa en mi poder, y viene a reclamármelos. Parece que tenÃa grandes deseos de poseer esclavos blancos.
—¿Y serás capaz de dárselos?
—No tengo fuerzas suficientes para resistirle. Viene con numeroso séquito de guerreros.
—¿Y si rehusaras? —preguntó Hong, hasta entonces silencioso.
—HarÃa una degollina general de mi tribu.