Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Alto o hacemos fuego!
Los afiliados del Lirio de Agua, sabiendo que los guardias sólo iban armados de revólver y no podían hacerles daño a más de veinticinco pasos, en vez de obedecer a la intimación apretaron el paso para ponerse fuera del alcance de sus balas.
No obteniendo resultado la intimación, los guardias dispararon, sin herir a nadie; pero sus disparos podían atraer otras patrullas de soldados o guardias civiles.
—¡Muerte de Confucio! —rugió Hong sin detener su carrera—. Si no cesan el fuego, van a acudir otros. ¿No lo decía yo?… ¿Oís?
Por una calle lateral oíanse los pasos precipitados de varias personas: guardias y voluntarios. Sin aguardar su llegada, Hong volvió la esquina de una calleja, en tanto que sus compañeros recibían el fuego de sus perseguidores, resueltos a detenerlos. La primera patrulla, al hallar resistencia inesperada, detuvo su carrera; pero por la calle lateral desembocó otra compuesta de ocho personas que hicieron fuego sin contemplaciones, echando por tierra a dos de los miembros del Lirio de Agua. Los otros seis huyeron velozmente, reuniéndose con Hong, que no había abandonado su preciosa carga, aunque la joven le rogó reiteradamente que la dejase ir andando.