Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Quizá para ambos.
—Entonces, ¿meditas alguna venganza?
—Los igorrotes somos hombres libres, y no debemos tolerar tales humillaciones.
—¡Al fin! ¡Estaba aguardando esa palabra! ¿Qué quieres hacer?
—No lo sé; pero algo sucederá forzosamente.
—Y no más tarde de mañana, si queremos salvar a los hombres de piel blanca —replicó Hong—. Si el sultán manda sus guerreros a registrar la selva, Romero y Teresita están perdidos.
—¿Tienes algún plan, Hong? —preguntó Than-Kiu con ansiedad.
—SÃ, Flor de las Perlas.
Tras breve pausa volvióse a Bunga, y le dijo:
—¿Es fiel tu escolta?
—Fiel y resuelta —contestó el jefe.
—Esta noche tendremos necesidad de ella.
—Está a tu disposición.
—¿Tienes licores espirituosos?
—Vino de palma destilado.
—¿Bastante?
—SÃ, hay gran cantidad.
—¿Y animales?
—Trescientos o cuatrocientos cerdos.
—Necesitaremos sacrificar buena parte de tus provisiones.