Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Estoy dispuesto a todos los sacrificios, con tal de librarme de ese peligroso personaje. Es un mal hombre, cruel, traidor y perverso, que serÃa capaz de llevarme a Butuán como esclavo suyo.
—Él es quien corre el peligro de convertirse en esclavo tuyo.
El jefe igorrote miró al chino con estupor imposible de describir.
—Olvidas que tiene aquà doscientos guerreros —exclamó vivamente.
—Esta noche estarán todos borrachos perdidos —dijo Hong sonriendo.
—No bastará para ello el vino de palma.
—SÃ, porque yo echaré en él ciertas pÃldoras maravillosas.
—¡Cómo! ¿Has conservado el opio, Hang? —preguntó Than-Kiu.
—¡Ya lo creo! Hice buena provisión en la barca del pirata, y Sheu-Kin tiene también gran cantidad.
—Y cuando estén dormidos, ¿qué harás? —interrogó la joven con curiosidad.
—Entonces el sultán será nuestro. ¡Silencio! ¡Aquà vienen unos mensajeros! ¡Sin duda, el sultán desea vernos de nuevo!