Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Bunga les mandó embarcarse y seguir sin perder tiempo la canoa real.
Apenas se habÃan separado varios metros de la orilla, cuando llegó a sus oÃdos una feroz griterÃa.
—¡El sultán! ¿Dónde está el sultán?
Los guerreros no embriagados corrÃan de cabaña en cabaña rugiendo y blandiendo las armas: parecÃan presa de una cólera terrible.
—¿Dónde está el sultán? ¡Traición! ¡Traición!
Algunos, más serenos que sus compañeros, sospechando algo, se precipitaron hacia la playa. Al ver alejarse la flotilla, bramaron ferozmente:
—¡Traición! ¡Traición! ¡Sangre y exterminio! ¡Hemos sido traicionados!
Sus compañeros acudieron a estos gritos, moviendo confusa y estridente algarabÃa y blandiendo las armas amenazadoramente. Varios, no del todo narcotizados, despertaron con aquel estruendo y se unieron a los demás.
La canoa grande se habÃa detenido a trescientos pasos de la orilla, y Hong mostróse en la proa, de pie y fusil en mano, mirando a aquellos frenéticos.
Al verle, los guerreros del sultán que tenÃan fusiles hicieron una descarga que fue absolutamente inútil, pues sólo produjo espantoso estruendo. Eran mosquetes y fusiles de chispa de pésima calidad.