Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Cobardes! ¡Volved a tierra, y os haremos pedazos! —gritó un anciano guerrero con los pies ya en el agua.
—¡Escuchen los súbditos del sultán! —gritó Hong con voz potente.
—¡Silencio! —dijo el anciano a sus compañeros—. ¡El hombre de la cara amarilla va a hablar! ¡Dejémosle, y después le mataremos!
—¡El sultán está en nuestro poder, asà como su primer ministro!
Un rugido terrible acogió estas palabras de Hong, y varios guerreros hicieron ademán de arrojarse al agua; pero el anciano los contuvo.
—¡Continúa! —gritó al chino.
—Os prometemos que no se le hará ningún mal. Pero os prevengo que si quemáis o destruÃs la aldea, le arrojaremos al fondo del lago con una piedra al cuello. ¡He dicho!
—¿Qué quieres hacer entonces con nuestro sultán? —preguntó el viejo.
—Mañana lo sabréis.
—¡Vengaremos terriblemente la afrenta hecha a nuestro señor!
—¡Probad a hacerlo!