Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Yo vine para apoderarme de los hombres de piel blanca, y nada más.
—Y para hacer tus esclavos a Bunga y a sus súbditos.
—¿Y qué te importarÃa a ti que asà fuera?
—Ya lo verás.
—¿Qué pretendes?
—Poca cosa. Si no aceptas nuestras condiciones, te arrojaremos al lago, asà como a tu primer ministro, y haremos esclavos a tus guerreros.
—¡Son muchos!
—Los guerreros de la gran nación de los hombres amarillos no están lejos, y tienen buenos fusiles y cañones en gran número. A una orden mÃa vendrán y pasarán a cuchillo a tus hombres.
El monarca palideció intensamente.
—¿Qué quieres, en resumidas cuentas?
—Que renuncies a perseguir a los hombres blancos que están bajo la protección de los amarillos.
—¿Nada más?
—Escucha. Si tus guerreros quieren reembarcarse y volver a su pueblo, tienen que entregar todas sus armas a los igorrotes.
—¿Hasta las armas de fuego? —preguntó con dolor el sultán.
—También. ¡Ésas sobre todo!
—¿Has concluido?