Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Te lo he prometido.
El sultán se levantó y se dirigió a proa, seguido muy de cerca por Hong, Bunga y Pram-Li, que no tenÃan gran fe en la palabra de aquel salvaje.
Los guerreros, al ver a su jefe, corrieron precipitadamente hacia la orilla agitando las armas con furor y clamando:
—¡Venganza! ¡Venganza!
El monarca hizo una mueca horrible y alzó la diestra. A esta indicación, sus súbditos guardaron profundo silencio.
—¡Dejad todas vuestras armas en la orilla y retiraos a las cabañas! —ordenó.
Los guerreros, estupefactos ante aquella orden inesperada, permanecieron inmóviles, sin atreverse a cumplirla y creyendo haber oÃdo mal.
—¡Obedeced! —insistió con voz de trueno el déspota.
—¡Queremos vengarnos! —vociferaron los guerreros.
—¡Y los igorrotes matarán a vuestro sultán —repuso el monarca—, y además os matarán a vosotros; porque los guerreros de la gran nación amarilla no están lejos y vendrán a exterminaros!