Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Estoy soñando? —exclamó—. ¿Es una sombra, o es Than-Kiu en carne y hueso a quien veo?
La china adelantó algunos pasos, y dejando caer la punta del mantón de seda con que se embozaba, repuso con voz sorda:
—¡SÃ, soy yo! ¡Estás bien despierta, Perla de Manila!
Teresita se acercó hasta tocarla.
—¡Tú! —dijo asombrada—. ¡Tú aquÃ, Than-Kiu!
Y añadió con una explosión de celos:
—¿Vienes a robármelo, miserable?
Arrepintióse inmediatamente de estas palabras, y continuó con voz dulce:
—¡Perdóname, Than-Kiu! Ya sé que no tengo derecho para dirigirte tales reproches, a ti que has sido tan generosa. ¡Dispénsame! Pero… ¡le amo tanto!
Flor de las Perlas no pronunció una sÃlaba; continuaba inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho, y miraba a la española con ojos que fulguraban sombrÃas amenazas.