Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Quedémonos aquà por ahora —dijo Pram-Li—, para ver lo que sucede al junco.
Las dos chalupas pasaron ante ellos sin verlos, y forzando la marcha en su furiosa y encarnizada persecución. La tow-meng navegaba libremente, riéndose hasta de los cañones del fuerte; pero algo debieron de haber notado los centinelas, porque Oyóse gritar:
—¿Quién vive?
Las dos chalupas estaban ya lejos, y las detonaciones de los fusiles de los guardias impidieron oÃr a éstos el grito del centinela.
—¿A quién habrán dado el «quién vive», a los guardias o a nosotros? —preguntó Than-Kiu.
—No sé; desde lo alto del bastión pueden habernos visto desembarcar —respondió Sheu-Kin.
—También lo temo yo —añadió Pram-Li—, y creo que deberÃamos abandonar este escondite y buscar otro más seguro antes del alba.
—Aguardemos a ver en qué para la caza al junco —replicó la joven—. Me interesa conocer la suerte de esos valientes que han expuesto su vida por salvarme.
—Ya no los cogen, ama, el viento es más fuerte fuera de la bahÃa, y la tow-meng dejará atrás las chalupas, si es que no prefieren echarlas a pique. ¡Ya!… ¡Oye!… ¡Un cañonazo!