Flor de las Perlas
Flor de las Perlas En efecto; él junco, que ya estaba fuera del alcance de la artillerÃa del fuerte, comenzaba a defenderse descargando su cañón. Al cañonazo siguió vivo fuego de fusilerÃa por algunos minutos, luego otro disparo de la pieza, y se hizo el silencio.
¿HabÃan logrado las chalupas abordar al junco, o éste conseguido escapar? Than-Kiu y sus compañeros, presa de la mayor ansiedad, interrogaban ávidamente el horizonte; pero la Luna se habÃa eclipsado de nuevo, y nada podÃan distinguir.
—¡Qué Budda proteja a esos valientes! —dijo la joven con un suspiro.
—Yo no temo por ellos —añadió el malayo.
—¿Orees que habrán podido huir?
—Estoy seguro. Verás cómo dentro de media hora regresan las chalupas, si los dos cañonazos no las han echado a pique.
—AsÃ, pues, ¿esperas volver a ver la tow-meng?
—SÃ; vendrá a recogernos mañana a la noche.
—La cita es para media noche. ¡Ah! Podremos huir y llegar fácilmente a Mindanao; el corazón me dice que Romero no ha muerto y que lo salvaré.
—Te lo auguro, ama; pero ¿quién te conducirá all�
—Indudablemente la tow-meng de Tseng-Kai.
—¿Está ya arreglado?