Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Se ocultaron entre los bambúes, procurando hacerse lo más pequeños posible para no ser descubiertos. Pasaron algunos minutos de angustiosa expectativa, sin que llegaran nuevos rumores a sus oÃdos. Seguros de que los soldados se habÃan alejado, incorporóse Than-Kiu; pero, apenas lo habÃa hecho, cuando una voz amenazadora le gritó:
—¡Alto!
Dos soldados aparecieron de improviso, apuntando con sus fusiles a las tres personas. La joven, ya habituada a las sorpresas y azares de la campaña insurrecta, ni dio grito alguno ni hizo el menor gesto de estupor o espanto. Cruzóse tranquilamente de brazos, dejó caer el fusil, y, mirando a los soldados, exclamó con perfecta calma:
—¿Qué hay?
—¿Qué hacéis ah� —preguntó el soldado sin contestar y pronto a hacer fuego.
—¿Acaso está prohibido venir a cazar golondrinas de mar? —No sabÃa que en la isla del Corregidor existiese la veda.
—¿Golondrinas de mar?… No; no está prohibido; pero te diré, bella moza, que no sabemos por qué has abandonado el junco, ni quiénes eran los que lo perseguÃan a tiros. Es un misterio que quiere conocer el comandante.