Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Oh! ¿Habéis visto?… Cuestión de amor, señores; dos galanes que me seguÃan y de los cuales he huido, dejando que se las arreglen como puedan.
—Es una historia muy curiosa que divertirá al comandante.
—¡Puede! —dijo sonriendo Than-Kiu.
—La paloma vale la pena… ¡Caramba! No he visto una china más guapa.
—Bueno; llevadme ante vuestro comandante. Vamos.
Pram-Li y Sheu-Kin colgáronse del hombro los fusiles, y seguidos de los dos soldados, que no los perdÃan de vista, llegaron al puente levadizo cuando el horizonte principiaba a teñirse con los primeros reflejos del alba. Detenidos algunos instantes en el cuerpo de guardia mientras informaban de lo ocurrido al comandante del fuerte, no tardó en ser conducida Than-Kiu a un salón cuya ventana daba al mar.
La joven miró en torno y no vio a persona alguna; una mesa estaba casi llena de cartas y papeles; algunos sillones completaban el mueblaje. Iba a asomarse a la ventana para ver si divisaba la tow-meng, cuando oyó que se abrÃa una puerta, dando paso a alguien. Volvióse rápidamente y quedó estupefacta. Sus labios pronunciaron, como a pesar suyo, estas palabras:
—¡El coronel de Malabón!…