Flor de las Perlas
Flor de las Perlas En aquel instante tocaron en la puerta, y el veterano, tras un gesto de desagrado, dijo:
—Adelante.
Un sargento abrió con cautela la puerta, y saludó militarmente.
—¿Qué ocurre?
—Mi coronel; una de las dos chalupas que perseguÃan al velero, acaba de pasar con rumbo Manila.
—¿Qué gente la montaba?
—De Madrid —varios voluntarios, mi coronel.
—¡Ah!… ¿Entonces se trataba de una captura? ¿Qué historia es ésta?
—¿Debo tomar informes, mi coronel?
—Veremos —dijo el coronel después de lanzar viva mirada a la joven—. Está bien.
—A la orden, mi coronel —dijo el sargento, obedeciendo la señal de despedida de su jefe.
Antes de que hubieran salido de la estancia, el comandante del fuerte, volviéndose a Than-Kiu, y cruzándose de brazos ante ella, exclamó:
—Será usted la que me informe de esto, ¿verdad, hija mÃa?
—¿Yo?… —exclamó ella fingiendo la mayor sorpresa.