Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Siempre, Pram-Li. Hasta de noche sueña con él, llamándole con voces tan lastimeras que me desgarra el alma.
—¿Y no lanza imprecaciones contra la joven blanca?
—Nunca una palabra de cólera o desdén salió de labios de la pobre Than-Kiu contra la Perla de Manila. Cree en la fatalidad y culpa sólo al destino de la terrible catástrofe que la ha herido.
—Y el destino la vengó, Sheu-Kin; el mar se ha tragado, indudablemente, a Teresita y a su padre.
—Acaso sÃ; y quizá también a Romero.
—¿Ha venido el médico?
—Si, Pram-Li.
—¿Y qué ha dicho?
—Que Than-Kiu está ya curada y puede abandonar el lecho del dolor. La herida está bien cicatrizada.
—¿Qué va a hacer?
—No lo sé.
—¿Regresará a su paÃs natal, o se arrojará en brazos de la insurrección?
—¿De la insurrección?… Creo que acabó ya todo, Pram-Li.