Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Serán prudentes.
—O quizá las chalupas enviaran alguna cañonera para capturarlos.
—No ha pasado ninguna ante el fuerte.
—Tengo vago miedo, coronel.
—¿Por qué?… ¿No está usted bajo mi protección?… Si el junco no viene, la embarco en el primer velero que vaya para Mindanao.
—¡Qué bueno es usted!
—Aprecio el valor donde lo encuentro.
—¡Ah!… ¡Si pudiese lograr mi intento!
—¿De salvar a Romero Ruiz?
—SÃ, coronel.
—¡Qué extraña mujer!… Pero, para salvar a Romero, tendrá usted que salvar a la hija del comandante de Alcázar.
—¡Sea, la salvaré! —respondió Than-Kiu con un suspiro.
El coronel se acercó y, mirándola frente a frente, dijo:
—¿Y luego?…
Than-Kiu no contestó y abatió sus párpados ante la mirada escrutadora del coronel; pero, tras algunos instantes de silencio, exclamó con voz que semejaba un gemido:
—He nacido con mala estrella… ¡qué se cumpla mi triste destino!