Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿No conserva alguna esperanza su corazón? ¿Ama usted a Romero todavÃa?
—Sà —murmuró ella con voz ahogada.
—Lo supuse desde la noche aquélla en que acudió a mà para salvarla a usted… Pero él ¿la ama a usted, o la ha amado?
—SÃ; a no ser por la Perla de Manila, hubiérase considerado dichoso casándose con Flor de las Perlas, y me amarÃa como a esposa en vez de amarme como a hermana.
—¿Y espera usted?…
—Nada; ya nada… Sólo en que el tiempo cure mi herida.
—¡Pobre niña!… Comprendo cuánto sufre usted.
—Si… me lo ha robado; y, sin embargo, no odio a Teresita.
—¿Debo creerla a usted?
—SÃ, coronel, no la odio… pero por él… Si no fuese por Romero, creo que ya la hubiera asesinado.
—Usted, que tiene un alma tan noble y generosa…