Flor de las Perlas
Flor de las Perlas La tow-meng, que, a pesar de su forma maciza y su volumen casi primitivo, marchaba muy bien con viento favorable y buen viento, apenas avisto la punta Coconongo de Busuanga arrió parte de sus velas para moderar la marcha, pues no era prudente llevar en aquel paraje gran velocidad. Doblada la punta, el patrón puso proa al Sudeste para pasar entre la isla y las isletas de Tara y Bantac.
El tiempo era espléndido, y el mar estaba tranquilo; ni una nube sobre el azul maravillosamente puro del cielo radiante de luz, que se reflejaba en la tersa superficie líquida con destellos que herían la vista. Una brisa fresca que soplaba del Norte mitigaba los ardores del Sol y empujaba el junco con velocidad de cuatro nudos por hora.