Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Hong y Than-Kiu aguzaban la vista tratando de descubrir algún barquichuelo de pesca o cualquier cabaña; pero en vano. Aquellas playas, de ordinario tan habitadas; aquellas costas, llenas otras veces de paraos y veleros de todas clases, estaban entonces desiertas. Parecía que sus habitantes habían huido al interior. A las diez de la mañana, el barco, que andaba con una velocidad de tres nudos por hora, pasó ante el Tenuán, riachuelo que desemboca entre bancos de arena, y luego ante el Matabar, cerca del cual debía existir una aldea de la cual no descubrieron ni rastro Tseng-Kai y sus hombres. A medio día rebasó la ensenada que forma la costa, especie de canal algo semejante a los fiordos noruegos, y ancló en la boca del Talaján, uno de los ríos más considerables de Mindanao, pues tiene sus fuentes en la región meridional, cerca de los montes Dicalungán, con vastos ramales que le unen al brazo Norte de Río Grande, sirviendo de unión al Sur y al lago Betuán por medio del Bacat.