Jose el peruano
Jose el peruano ¡SOLOS!
—¿Qué ha sucedido entonces?—preguntó José cuando se hubieron alejado como unos cincuenta pasos de la zarza maldita.Â
—No es larga la historia—respondió Fernández con voz débil—. Como sabes, me habÃa acercado al bosque para saber dónde se habÃa escondido Mulga: me interné unos diez pasos entre los eucaliptos: cuando llegué a un espacio bastante amplio y volvà los ojos buscando a Mulga, no lo vi. Me pareció reconocerlo, en cambio, en una carcajada estridente que me hirió los oÃdos, pero no podrÃa asegurarlo.Â
—También nosotros sentimos la carcajada—dijo José—. ¿Era la de Mulga?Â
—Me lo pareció, pero como te he dicho, no podrÃa jurarlo — continuó el joven con frases interrumpidas, porque su aventura lo habÃa debilitado mucho—. No tuve tiempo de pensar en ello, porque senti un leve silbido, seguido de un inmediato golpe mi la nuca. Por efecto de este golpe, caà en tierra desfallecido y perdà el conocimiento...Â
—¡Era un golpe de boomerangi—dijo José.Â
—Asà lo creo, porque no habÃa nadie y el que lo lanzó debÃa estar bastante lejos—añadió Fernán
—¿Y después?Â