Jose el peruano
Jose el peruano —He aquà un problema difÃcil de resolver—dijo el joven—. Eso es tan difÃcil como el poder alcanzarlo a pie, sea cualquiera de los dos. En el pantano es imposible caminar; nos hundiremos hasta las rodillas.
—Sin contar con que podemos caer en las tierras movedizas.Â
—Me parece que por el Este no es imposible llegar al bosque.Â
—¿De qué manera?
—Observa bien: hay muchas piedras grandes que emergen del pantano como si fuesen islas.Â
—Las veo... pero se hallan a tres, cuatro y hasta seis metros de distancia; serÃa preciso saltar como canguros de una a otra para conseguir llegar al bosque desde aquÃ.Â
—Nosotros no somos canguros, aunque nos nutramos de ellos.Â
—Entonces no nos queda más que hacer que esperar la evaporación del agua... Este sol abrasador no tardará en bebérsela toda.Â
—Perderemos un dÃa o dos, mientras el traidor continúa la fuga.Â
—He aquà una cosa que es preciso evitar... ¡Y por todo el guano del Perú, lo evitaremos!Â
—¿Do qué modo, José?Â