Jose el peruano
Jose el peruano —Tengo el gusto de presentarme a estos señores—dijo con voz estridente—. Me encuentro desde hace poco en Puerto-Augusta y vengo de América, precisamente del Perú. He oÃdo hablar con frecuencia del peruano José. Pasa por ser el mejor andarÃn del mundo; y si hay alguno capaz de atravesar Australia, ese es José. Creo que el señor Kilder desea apostar con el señor Kornalden que José conseguirá atravesar este horrible paÃs. ¿He dado en el clavo, señor Kilder?Â
—Ha acertado usted—respondió Kilder—. ¿Co-noce usted a José el peruano? ¿Es amigo de él?Â
Después de un instante de silencio, durante el que pareció reflexionar profundamente, el interpelado repuso:Â
—No tengo la fortuna de conocer personalmente a José. He oÃdo hablar mucho de él en el Perú, pero desgraciadamente no me cuento en el número de sus amigos. Sé que salió hace tres meses de allÃ, y que ha venido a Australia a buscar una mina de oro: que su novia lo ha seguido hasta aquÃ, pero no lo he visto nunca.Â
—Sin embargo, ¿cree usted que no sea equivocada mi convicción respecto a José? — preguntó Kilder.Â
—¿Equivocada?—exclamó el desconocido—. He oÃdo ponderar tanto el entusiasmo, la resistencia y la fuerza de José el peruano, que estoy cierto que atravesará Australia y le hará ganar la apuesta.Â