Jose el peruano
Jose el peruano —¡Siempre que mi adversario la aceptel—dijo Kilder volviéndose a Kornalden.Â
—No sé quién será ese José—dijo Kornalden—, pero por extraordinario andarÃn que sea, sostengo que no la hará en seis meses.Â
—¿Entonces, ¿acepta la apuesta? — interrogó Kilder.Â
—Claro: bien sea usted o un encargado suyo quien atraviese la Australia, yo pierdo todos mis runs.Â
—Y yo todos los mÃos, si José no consigue, saliendo del lago Torrens, llegar al rÃo Alligator—añadió Kilder.
 —¿En cuánto tiempo?Â
—En seis meses justos... ya lo habÃamos dicho.Â
—Está bien—concluyó Kornalden.Â
—Lo siento por usted, señor Kornalden, aunque no tenga el placer de conocerlo; pero perderá usted toda su hacienda—exclamó con tono compasivo el americano.
Kornalden miró al hombrecillo : éste respondió ca la mirada de Kornalden con una sonrisa que no pudo comprender, pero que lo intrigó bastante.
—Si usted está convencido de que José será capaz de cumplir semejante prodigio, ¿por qué no apuesta usted con cualquiera de estos señores? Creo que no le será difÃcil encontrar quien ponga su dinero contra José—observó Kornalden mirando al desconocido.Â