Jose el peruano
Jose el peruano —Ciertamente—gritó un socio—, apuesto mil libras esterlinas a que José será devorado por los canÃbales, o morirá de hambre o sed, o lo quemará el sol o se colgará de un árbol desesperado, y que, en cualquier forma, no podrá atravesar este inmenso desierto que se llama Australia.Â
—Acepto la apuesta de mil libras—exclamó el desconocido.Â
—Mal, muy mal—dijo otro—. Kornalden tiene razón y Kilder no tiene la más mÃnima idea de lo que es el interior de Australia. Muchos han sido los temerarios que han dejado sus vidas en las soledades del. interior. Hace poco tiempo todavÃa que pereció el explorador Ainsworth Harrow.Â
—Y tampoco hace mucho tiempo que murió el valiente compañero del Capitán Stuart — añadió otro.Â
—Es verdad.Â
—Es verdad—dijo tranquilamente Kilder—. Sin ser muy entendido, no ignoro la horrible vida hecha por los Cook, Finlayson, Eyre, Kiulay y Burke y muchos otros... Sé que cinco audaces murieron de hambre en Cooper Crek... Sin embargo, sostengo que con un drig tirado por bueyes robustos y bien provisto de armas y de vÃveres, José podrá atravesar Australia en el tiempo estipulado...Â