Jose el peruano
Jose el peruano Las discusiones arreciaron entre los socios del Squatters' Club. Algunos estaban por Kilder, convencidos de que, después de todo, no era absurdo intentar atravesar el continente; otros juzgaban en cambio quimérica la empresa.
Se discutió ampliamente sobre la extraña configuración del paradójico paÃs, sobre la falta de rÃos navegables, sobre la enorme dificultad de hallar agua y alimentos.Â
En ambos campos se cruzaron importantes apuestas.Â
Mientras la sala de juego sé habÃa convertido en una batalla de opiniones geográficas, Kilder y Kornalden estipulaban las condiciones de la apuesta.Â
El peruano admirador de José, a favor de quien habÃa apostado las mil libras esterlinas, no se apartaba de la mesa y parecÃa querer seguir, palabra por palabra, lo que decÃan los adversarios; buscaba a menudo la mirada de Kornalden como si quisiese saber lo que el squatter pensaba de él.Â
De pronto el peruano sacó del bolsillo un pequeño objeto y lo pasó a Kilder.Â
—¿Qué es?—preguntó el squatter.Â
—Un nonte-nouver, es un talismán.Â
—¿Un talismán? ¿Y por qué me lo da a mi?Â
—Para que usted se lo regale a José—respondió el desconocido y extraño personaje.Â