Jose el peruano
Jose el peruano ¡Desde aquella altura su compañero se habÃa matado!Â
Pero José respiró: habÃa conseguido agarrarse a la rama siguiente y continuaba la lucha cada vez más furiosa.Â
José pasó desde donde estaba a la rama en que se hallaba Fernández: apretó con su puño enorme el cuello del ave y se lo destrozó, dejándola caer también.Â
—¿Estás herido?—interrogó José.Â
—Si, en la mano, pero no es nada—respondió Fernández.Â
En aquel momento avanzaba desde el interior del bosque un furioso y continuo ladrido, aumentando cada vez más en intensidad.Â
—Los dingos—gritó José.
—¡Vienen hacia aquà !—gritó Fernández enjugándose, con el pañuelo la sangre que le salÃa de las heridas.
Una treintena de dingos avanzaba ladrando, como si estuviesen hambrientos, hacia el eucalipto.Â