Jose el peruano
Jose el peruano —Pero no tardaron en hacerme pagar caro el mordisco—continuó el cazador—. Se me echaron encima los cuatro bushangers y me dieron de patadas y puñetazos: no contentos aún querÃan frotarme con las ortigas australianas que, como sabéis, producen dolores atroces.Â
Pero el australiano intervino, diciendo: "Si me lo matáis, ¿cómo podré regalarle los biftecs a mi amigo Nandurn-Kurruck?" "Que se vaya al diablo tu amigo canÃbal—exclamó el bushrangers que yo habÃa mordido—. Quiero vengarme de este perro rabioso".Â
Después de una dosis de latigazos... "quiero hacerle morir por medio de las ortigas".
 Mulga protestaba, diciendo que querÃa llevarme vivo a su amigo el jefe de tribu para que me hiciese engordar y luego me matase que el pacto era ese.Â
Los otros bushrangers daba la razón a Mulga, observando:
 "Es necesario mantener la palabra dada a este querido amigo indÃgena aliado nuestro".Â
El asesino de la mano mordida debió rendirse y terminó diciendo: "Tenéis razón... será mejor verlo asado a la usanza australiana".Â