Jose el peruano
Jose el peruano —Puede decirse que hasta ahora hemos andado  sobre mullido césped — observó Lindsay. Pero cuando atravesemos el desierto, entonces tendremos la verdadera. sensación de estar en la Australia hospitalaria...Â
—Cuando hayamos atravesado el rÃo Finke y el monte Daniell—repuso Lindsay—. Pero antes de entonces, ¡cuántas peripecias deberemos soportan..Â
—Mientras tanto, si no recuperamos el dray, la travesÃa del desierto será un problema serio...Â
—¡Alto!Â
—¿Quó pasa?—preguntó José.Â
—Dame el fusil, José—dijo el cazador.Â
José obedeció y viendo que Lindsay miraba el cielo, preguntó:Â
—¿Quieres proveernos de cacatúas?... Prefiero otra clase de caza...Â
—Ahora quiero procurarte un jigote de kulbaroe —murmuró el cazador apuntando con el fusil.Â
José y Fernández siguieron con la vista la dirección del cañón y no tardaron en descubrir sobre un "árbol de la sangre" una masa oscura que trataba de esconderse tras del follaje.Â
Lindsay disparó, y un ruido sordo, que denotaba que habÃa dado en el blanco, se oyó a continuación.Â
Un cuadrúpedo del tamaño de un cordero, yacÃa en tierra con el cráneo despedazado: las patas denotaban los últimos estertores de la agonÃa.Â