Jose el peruano
Jose el peruano —Lo comeremos con las raÃces de warrams—dijo Fernández, sacando gustoso los tubérculos que habÃa descubierto a pocos pasos.Â
Pronto fué despellejado el kutlbaroe y le limpiaron su interior. Lindsay lo dividió en pedazos, mientras José preparaba con leña seca un buen fuego.Â
Media hora después dos pedazos del Australian Bear exhalaban un apetitoso perfume que invitaba a hacer un gran banquete.Â
El kutbaroe habrÃa necesitado su correspondiente consumo de liquido; pero no era posible; en el bosque no habÃa agua.Â
Afortunadamente a Fernández le llamó la atención un árbol desconocido para él, que tenia una fruta en forma de manzana.Â
Cogió varias y las trajo para que las examinaran sus compañeros.Â
José no supo decir si eran comestibles.Â
—La apariencia es buena—observó--, pero Australia es un paÃs tan lleno de sorpresas que estas manzanas podrÃan contener veneno.Â
Lindsay las examinó a su vez, las olió y cortó una de ellas con el cuchillo.Â
—Antes de aventurarme en esta empresa—dijo —he consultado algunos libros. No creo equivocarme al decir que hemos tenido la fortuna de dar con un Kooryams.Â