Jose el peruano
Jose el peruano —Importa poco el nombre—afirmó el coloso—, todos sabemos que esta fruta calma la sed.Â
—Efectivamente, y hasta alimenta—añadió el cazador—. Los ingleses, que al conquistar un paÃs, comienzan por cambiarle el nombre a la fauna y la flora, las llaman canguroo apples, es decir, manzanas de canguro, sin duda porque a este marsupial le deben agradar mucho.Â
Confiado en esta lección de pomologÃa australiana, el coloso se puso a comer dicha fruta en abundancia, siendo imitado por sus compañeros.Â
Reanudaron el viaje a la caÃda de la tarde cuando el sol empezaba a declinar y su calor era menos sofocante. Aunque el bosque era de grandes eucaliptos, de una vegetación exuberante, la sombra no concedÃa su refrigerio más que al declinar el dÃa: los rayos del sol encontraban entonces el obstáculo de las ramas y se producÃan zonas de sombra.Â
En cambio, a otras horas, por la dirección vertical del follaje, el sol cae despiadadamente a plomo en el bosque australiano más espeso.Â
El calor, aunque intenso, era soportable.Â
Los tres viajeros se habÃan fabricado sendos quitasoles de anchas hojas que habÃan colocado en su cabeza y asà continuaban con bastante rapidez, siempre tras las visibles trazas del dray, que habÃan hallado.Â