Jose el peruano
Jose el peruano Descendiendo la colina llegaron a la segunda. La subida fué rápida. Los tres viajeros habían sentido triplicarse sus fuerzas: habían reconocido en aquella algazara nocturna la voz de Mulga.
Cuando llegaron a lo alto del monte, ya no fué posible dudar: ¡el australiano con sus dignos compañeros vivaqueaban en la falda de la colina!
Habían libado brandy en abundancia y del licor contenido en los cajones del dray y se abandonaban a una alegría sin límites.
La maleza impedía la vista del campamento.
Los tres hombres descendieron unos pasos por entre los zarzales y como la luna iluminaba la escena, pudieron presenciar la orgía de sus enemigos.