Jose el peruano
Jose el peruano Acompañaban a la ingrata voz del australiano movimientos aún más desagradables. Pero sin duda la danza salvaje debía divertir mucho a aquellós salvajes blancos, porque resonaban ruidosas carcajadas. El dray se había detenido a unos quince pasos; las bestias, uncidas todavía, estaban tendidas sobre la hierba: más allá relucía el agua sonora de un río en ondas plateadas: era el Finke.
José hizo señas a los compañeros de que se detuviesen: estaban ante un peñasco de unas cuatro metros. El coloso lo examinó por algunos momentos. Parecía surgir casi enteramente del terreno desolado de la colina. José alargó el brazo hacia el peñasco, volvió el rostro hacia sus compañeros como para expresar su pensamiento.
Lo interrogaron en silencio. ¿Qué significaba aquel gesto?
José lo repitió con las dos manos: el significado entonces apareció claro.
El coloso quería decir simplemente que tenía la intención de dar un empujón a la roca y hacerla caer sobre sus enemigos, evitando de ese modo el asalto y el gasto de municiones.
Fernández aprobó en seguida, con movimientos de cabeza, el proyecto de José, pero con la sorpresa de éste, Lindsay, haciendo un movimiento negativo, con la mano, lo desaprobó