Jose el peruano
Jose el peruano —¿Cómo voy a negar la evidencia? — continuó Lindsay—. Mientras que nosotros creÃmos que te habÃas arrepentido de tus bribonadas, meditabas otra. Te vigilábamos a todas horas y sin embargo has conseguido robarnos la pólvora para fabricar quizás con una lata vacÃa la bomba que destruyó el dray y ahora nos ha hecho prisioneros, aprovechando el humo y la confusión. ¿Pero de qué sirve todo esto?Â
—¿De qué sirve?—dijo Mulga.Â
—Si no te harás rico.
—Y tú en cambio ¿podrÃas hacerme rico?Â
—SÃ.Â
—¿De qué modo?Â
—De una manera muy sencilla y me extraña que con tu astucia no lo hayas comprendido ya.Â
—ExplÃcate.Â
—En lugar de que nos coma el glotón de tu amigo Nandum-Kurruk, ayúdanos a llegar a tiempo al Alligator y nos partiremos el premio que Kornalden deberá pagar a Kilder.Â
Mulga soltó una carcajada.Â
—¿Para qué tanto trabajo?... seré tan rico si hago que os coma—dijo Mulga.Â
—¿Cómo asÃ?Â