Jose el peruano
Jose el peruano —Lo malo es que no estarnos libres del todo—observó el cazador—estamos atados.Â
—Pero ahora es otra cosa—dijo el coloso—. Antes no podÃa hacerlo porque me vigilaban, pero ahora sÃ.Â
Y José se inclinó trás la espalda de Lindsay, cogiendo con. los dientes las fibras que ligaban las manos del cazador.Â
José consiguió romper el film vegetal, más tenaz que una cuerda, pero menos robusta que los dientes del gigante.Â
—¡Al fin!—exclamó Lindsay quedando libre de las manos e introduciendo una en el bolsillo del cual extrajo una navaja—.Â
—¡Ahora te toca a ti!Â
El cazador cortó las ligaduras de sus amigo
La cadena fue quitada fácilmente y los tres viajeros se encontraron en libertad.Â
—¿Qué retroceden ?—preguntó Fernández restregandose las muñecas que le dolÃan atrozmente a causa de la fuerte presión de las ligaduras.Â
—No hay peligro—repuso Lindsay—. No vendrán más por aquÃ, en especial mientras el volcan eche humo.Â
—A Mulga le habrá contrariado bastante tener que abandonarnos—dijo José—. HabÃa hecho tan hermasos proyectos respecto a nosotros.Â