Jose el peruano
Jose el peruano Mirando a su alrededor vió que también sus dos compañeros estaban cubiertos de la misma sustancia, como también la hierba circundante. Lindsay recordó que habÃa oÃdo hablar a otros exploradores de aquel lerp: el cazador quiso darles en seguida la buena noticia a los dos compañeros que dormÃan todavÃa.Â
Empezó a dar palmadas.Â
—¡Señores, está listo el desayuno!—gritó.Â
José y Fernández abrieron los ojos estupefactos:
—¿Qué sucede?—preguntó el coloso.Â
—El maná ha caÃdo del cielo. ¡Buen provecho! Y se puso a devorar el lerp.Â
—¿Se puede comer esto?—preguntó José.Â
—¡ Claro está! ¡Es el maná, te lo repito!...Â
—¡ Exquisito !—dijo José, que acababa de probarlo.Â
—Esto so llama lerp—explicó Lindsay.—Es el maná de los australianos.
—¿Ha caÃdo del cielo, como el de los hebreos?— preguntó José.
—Ha caÃdo en los eucaliptos—respondió Lindsay.Â
—¿Y como no habÃamos tenido nunca antes de ahora una lluvia tan benéfica?
—Porque no habÃamos encontrado todavÃa ningún eucaliptos viminalis, el único que deja caer el maná.Â