Jose el peruano
Jose el peruano —Si, señor Kilder... ¿Quién vela por Marinca si su hermano parte conmigo?
—Y yo ¿no soy nadie? observó Kilder—. Mainca quedará en mi casa, o en cualquiera de mis posesiones... a menos que no tengas confianza en mi...Â
—¡Oh! Señor Kilder! ¡Tengo plena confianza en usted!... Mi novia no podÃa quedar mejor protegida... Pero ¿aceptará Fernández?Â
—SÃ... ya le he hablado.Â
—Entonces, no buscaremos a otro—dijo el peruano. —¿Y usted, señor Kornalden?Â
—TodavÃa no he escogido—respondió el squatter, pensativo—. Pero lo haré mañana. Quizá elija al cazador Lindsay.Â
—¿El que acompañó a la expedición de Harrow?—preguntó Kilder.
—Si, a él—dijo Kornalden—, siempre que acepte.La expedición de Harrow terminó muy mal en Cooper Creck y no sé si el cazador querrá intentar nuevamente aquel viaje terrible. De todas maneras, o él u otro, mañana. conocerán ustedes a quien he elegido.Â
Los socios del club habÃan escuchado con viva atención este cambio de palabras que debÃa poner fin a los preliminares de la apuesta entre los dos rivales. Todos miraban con admiración a José; la colosal figura del peniano habÃa atraÃdo muchas simpatÃas a la causa, de Kilder.Â