Jose el peruano
Jose el peruano No eran pocos los que, mirando al gigante. creÃan ahora en la posibilidad de que venciera en la gran empresa. Algunos se habian arrepentido de haber apostado en contra. El mimo Kornalden, aunque de palabra continuase haciendo el ranfarrón y aconsejase burlonamente a Jose de que se mantuviera lejos de los indigenas que son entusiastas antropófagos, se sentÃa algo arrepentido de haberse dejado inducir por el afán de arruinar a Kilder, aceptando la colosal apuesta. Pero no dejó traslucir ninguna de sus preocupaciones.Â
—¡Hasta mañana!—exclamó levantándose.Â
—¡Hasta mañana!—repitió Kilder.Â
Kornalden salió del garito y, poco después, José y Kilder lo imitaron, dejando a los socios discutiendo acaloradamente y haciendo apuestas. Cuando estuvieron fuera, Kilder preguntó al peruano:
—¿Por qué has manifestado algún temor respecto a tu novia?Â
—Porque, cuando estábamos todavÃa en el Perú, sé que un individuo la cortejaba—respondió José.Â
—¿Quién era?Â
—No lo he sabido nunca... Marinca siempre me ha ocultado su nombre por el temor de que cometiese alguna tonterÃa rompiéndole el cráneo a puñetazos. Sé que Marinca misma le dijo que no insistiese.Â
—Bien. ¿Y qué tiene que ver con esto?Â