Jose el peruano
Jose el peruano —Que el desconocido la ha amenazado con vengarse.Â
—Pero él, de todas maneras, está en el Perú y Marinca se queda en mi casa.Â
—Es verdad...Â
—Por esta parte no tengas temor—dijo el sqtuatter con reconocimiento—, velaré por ella como si fuese mi hermana y durante tu ausencia nadie podrá molestarla... —Te debo la vida y me creerÃa muy mezquino si no tratase de pagártelo de alguna manera...Â
—No me hable de eso, señor Kilder— dijo José candorosamente—. No he hecho más que cumplir con mi deber de persona honrada.
—Has cumplido más que tu deber, José — exclamó Kilder caminando por las calles de Puerto-Augusta, al lado del gigante y manteniendo a duras penas su paso—. Tú no me habÃas visto nunca y, sin embargo, hiciste frente a siete hombres armados por salvarme.Â
—¡Gran cosa!—dijo el peruano—. Acababa de llegar aquel dÃa a Puerto-Augusta y daba vueltas por la ciudad sin haber podido encontrar todavÃa un albergue. HabÃa caÃdo la noche. Y de pronto sentà un grito: ¡Socorro! Me precipité hacia donde salÃa el grito y vi, a la luz de un farol de aceite que pendÃa de una puerta, a un grupo de individuos que acorralaban a un hombre solo.Â