Jose el peruano
Jose el peruano  —¡Por mi amigo Kornaldenl—respondió Lindsay con cierta amargura.Â
—¿Por Kornalden?—preguntó José —. Entonces tú convienes en que Kornalden habÃa tramado algo...Â
—No puedo pensar de otro modo — respondió Lindsay—, y eso me contraria. No hubiera supuesto capaz de tanto a Kornalden: cuando habló conmigo de la expedición usó un lenguaje que no dejaba sospechar nada malo... Pero ahora los hechos demuestran que Mulga y los dos bushrangers blancos están a sus órdenes para arruinar a Kilder. No se atrevió a hablarme de ello, porque sabÃa que yo, no sólo no habrÃa consentido, sino que lo habrÃa denunciado. Y ha encontrado la manera de tramarlo con otros.
—Pues bien—exclamó José—. Hasta hace pocos dÃas yo era de la misma opinión: pero ahora, después de haber hablado con los dos guardianes del campo de oro, pienso de otra manera.Â
—¿Cómo asÃ?—preguntó con estupor Lindsay.Â
—Kornalden no tiene nada que ver con Mulga y sus cómplices.
—¿Qué razones te inducen a pensar de ese modo?Â
 —¡Ahl—dijo José titubeando al mirar a Fernández.Â
El joven expresó con su silencio lo que pensaba a este respecto: es decir, que habÃan prometido a Kilder no hablar del accidente mortal del jardÃn.Â