Jose el peruano

Jose el peruano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Algunos días después, la provisión de agua se terminó por completo y entonces comenzó para los exploradores el tormento de la sed, bastante más terrible que el del hambre. 

Otros cinco bueyes, vencidos por la fatiga y la falta de alimento, cayeron muertos y hubieron de ser abandonados a la voracidad de los buitres y de las águilas. 

No quedaban más que cuatro animales: el semi-dray continuaba su camino menos rápidamente por el desierto abrasador. 

Los hombres yacían inertes y silenciosos, devorados por la sed, privados de toda energía física, bajo el toldo de piel de buey y de canguro.

Se miraban de cuando en cuando, con expresión desolada, en la que se reflejaba todo su descorazonamiento. 

Lindsay, haciendo un esfuerzo considerable para ponerse de pie, miraba en torno tratando de descubrir algún oasis lejano; pero su vista no abarcaba más que una cegadora blancura, infinita, de la cual volvía sus ojos como martirizados, como si se los punzasen con alfileres. ¡Nada! — murmuraba, volviéndose a acostar. 

José ya no tenia valor para fustigar a los bueyes: las pobres bestias hacían prodigios de resistencia a pesar de la sed que las devoraba.

Un día, los tres exploradores se sintieron agotatados en extremo: especialmente Fernández parecía que iba a sucumbir de sed. 


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker