Jose el peruano
Jose el peruano Después dé algunos centenares de metros llegaron a una choza hecha de cortezas de árbol: era la cabaña del pastor. Entraron, resguardándose de la lluvia que continuaba cayendo.Â
El pastor demostró hacia sus huéspedes mucha cortesÃa; mató un cabrito y preparó un delicioso asado.Â
Ya era de noche y la lluvia habÃa cesado.Â
Los tres exploradores, viendo la buena voluntad del pastor, le preguntaron si querÃa hacerles un favor.Â
—Todo lo que sea posible hacer lo haré, por serles útil—respondió el mestizo con acento de cortés condescendencia,Â
—¿Llevas tú las ovejas a un settlement cercano? —preguntó Lindsay.Â
—Yes, sir, a Mr. Rolling, como le dije.Â
—¿Mr. Rolling tiene caballos?—preguntó el cazador.Â
—Muchos.Â
—¿Te serÃa posible convencer a Mr. Rolling para que nos vendiera tres? No tenemos dinero, pero si nos hace acompañar hasta el Alligator encontraremos modo de pagarle generosamente.Â
Y Lindsay contó en pocas palabras al pastor los términos de la apuesta.