Jose el peruano
Jose el peruano El mestizo escuchó con gran interés la historia del cazador y pareció ser más cortés y generoso con los tres audaces que estaban para dar fin a su gran empresa.Â
—Mañana al rayar el alba parto con mi rebaño y me llego al settlement de Rolling—dijo.Â
—Podernos acompañarte—propuso José—. Te podremos defender si tienes algún encuentro, con los bushrangers.Â
—Ustedes están cansados y tienen necesidad de reposo—observó el pastor—. Quédense en mi cabaña.Â
—¿Cuánto tiempo estarás ausente?Â
—No más de tres dÃas. Les dejo dos ovejas para poder comer—dijo el pastor.Â
—Eres una buena persona y te sabremos recompensar—dijo LindsayÂ
Se tendieron los cuatro sobre un lecho de hojas y no tardaron en dormirse.Â
Cuando los tres compañeros de viaje despertaron, el pastor ya no estaba en la choza.Â
José salió, viendo que el rebaño habÃa partido: solas dos ovejas habÃan quedado amarradas a un palo atrás de la cabaña pastando: eran las que el pastor les habÃa dejado para que les sirviesen de alimento.Â
También los dos emús pastaban por allà cerca andando majestuosamente y alzando el pico para comer algunas hojas de los altos arbustos.Â