Jose el peruano
Jose el peruano —El pastor que se ha ido con sus ovejas—dijo José—, nos ha dejado dos que condimentaremos con cuidado para que transcurran alegremente estos tres dÃas.Â
—Si el pastor nos trae los tres caballos podemos considerar nuestra empresa como llevada a efecto.
—Es mejor todavÃa, si Mr. Rolling nos hacÃa acompañar por alguien. .Â
—Y si no tenernos caballos, paciencia... Haremos el camino a pie; el tiempo que nos queda es suficiente para llegar al Alligator.
—Si no encontramos obstáculos.Â
Los tres dÃas transcurrieron rápidamente; los exploradores hicieron algunos reconocimientos por el bosque, encontraron algunas frutas silvestres, pero no descubrieron ninguna traza de seres humanos.Â
El tercer dÃa terminó sin que el pastor hubiese vuelto; probablemente circunstancias imprevistas lo habÃan retrasado.Â
Pero al cuarto dÃa los tres amigos se dieron cuenta que estas circunstancias eran demasiado imprevistas.Â
José, que estaba cocinando una de las ovejas, habÃa visto una quincena de hombres acompañados del pastor correr hacia la choza.Â
Llevaban el traje de los condenados a trabajos forzados.
¡Eran evidentemente galeotes evadidos!Â